Ojosdebrujo

En Búzios siempre sentía falta de una agenda cultural variada, que es uno de los privilegios de los que gozan los habitantes de las grandes ciudades. Claro que siempre estaba la posibilidad de ir a ver un espectáculo a Río de Janeiro, pero la logística era siempre demasiado complicada. Eso sin mencionar que circular de madrugada por la cidade maravilhosa es estadísticamente tan peligroso como sentarse a comer un kibbe al aire libre en la Franja de Gaza.

Por aquello de la teoría de las compensaciones y para aprovechar lo que la vida le sirve a uno en cada lugar a donde va, desde que estoy en Guadalajara me he propuesto no perderme ningún evento o espectáculo interesante. El sábado pasado, en el Teatro Estudio Cavaret (uno de los amplios espacios que la omnipresente Universidad de Guadalajara tiene para socializar, comer, bailar y escuchar buena música) tuve el placer inmenso de saborear el concierto de Ojos de Brujo bautizado Techarí (que en la lengua gitana quiere decir “libre”)

La palabra “concierto” se queda corta para definir un espectáculo de experimentación visual y sonora que por momentos parece trasladarnos a un callejón de Sevilla, de Marrakesh, de La Habana Vieja o de Nueva Delhi. Del mismo modo, el concepto de “grupo musical” también se queda corto para definir esta especie gang de anarco-artistas que es Ojos de Brujo, que surgió a partir de músicos callejeros del distrito de Raval (la zona roja de Barcelona). Además de los músicos liderados por la gitana Marina “la Canillas”, también hay una bailaora de flamenco, un rapper que también toca “el cajón”, un VJ que proyecta en una pantalla el resultado del trabajo de los graffiteros, fotógrafos, animadores y videoartistas de todo el mundo que juegan y comparten la visión del mundo y del arte de Ojos de Brujo.

No sé si será por su música, que mezcla rumba callejera y flamenco con hip hop, reggae, salsa y bhangra (una danza tradicional india, proveniente de Punjab), pero me sintonizo emocionalmente con Ojos de Brujo. Son como una metáfora de ese sentimiento de “desterritorialización” del arraigo que uno siente cuando deambula por el mundo y va construyendo una identidad propia a partir de un mosaico de vivencias, costumbres y memorias de los distintos lugares donde vivió y se sintió en casa.

Este “nomadismo cultural” de Ojos de Brujo representa también una tercera vía frente a la polarización entre globalización y tribalización que marca el horizonte cultural y político en este inicio de milenio. La globalización tiende a unificar las opciones de consumo y de cultura “pasteurizando” las diferentes identidades bajo el signo de la homologación. A partir de esta constatación surge una respuesta, reaccionaria y regresiva, que se manifiesta en la retomada de los nacionalismos, los integrismos religiosos (el fundamentalismo islámico y algunas versiones chiitas del cristianismo, como el Lefevrismo y los Testigos de Jehová) También podrían incluirse en este grupo los mini-guettos en los que tantas personas se auto-exilan en las grandes metrópolis americanas, como una manera de dar sentido a su existencia a través de la re-afirmación de sus diferencias (sea de orientación sexual, de raza, de origen y hasta de opción alimentaria)

Muchos artistas e intelectuales (y otros que no lo somos, pero que nos tocó este destino de “judío errante”…) al vernos forzados a pasar por experiencias de desarraigo y esfuerzos de asimilación a otras culturas, adoptamos la táctica del nomadismo cultural como una manera de resistencia frente a los efectos perversos de destrucción de la memoria que genera la globalización y el aislacionismo xenofóbico al que nos condena la tribalización.

El nomadismo cultural es una manera de afirmar nuestro derecho a la diaspora, a reivindicar una identidad multicultural y políglota (sólo quien pasó por la experiencia de que un hijo nos llame “mamá” en otro idioma sabe de lo que estoy hablando…y que me disculpe Heidegger que decía que el lenguaje es el domicilio del ser!!!!)

Quien dijo que no se puede “sentir” la música de los otros como propia? Los colores, los sabores, la alegría y el amor, no tienen fronteras, ni domicilio. La virtualidad de la internet nos da la posibilidad de la presencia en la ausencia. Hay verdades inmanentes como que los perdedores son siempre perdedores aquí o en Singapur; que la tortilla se quema siempre del mismo lado y que la patria es la que le da a uno el pan. Por eso, que viva Ojos de Brujo y el nomadismo cultural. Y OLÉ!

(para los amigos de Argentina, les cuento que el grupo estará en Córdoba el 24 de marzo y en Buenos Aires el 26 y el 27. Si pueden no se los pierdan)

Y ahora, como es costumbre en este blog, viene la pachanga. Los dejo con el video de uno de los temas más bailables del albun Techarí, que se llama “Sultanas de Merkaíllo”, y que es uno en los que más se siente la influencia de la rumba catalana, el flamenco y la salsa. Pero como Ojos de Brujo es mucho más que eso, abajo les mando también la grabación (sin video) de “Todo Tiende”, donde se siente fuerte la influencia bhangra) Para disfrutar de Todo Tiende, los invito a escucharlo con los ojos cerrados y después me comenten si les gustó.

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