El día que no acabó

Anoche, víspera del quinto aniversario del ataque al World Trade Center, vi por el Discovery Channel el documental 9/11: The Twin Towers dirigido por Richard Dale y producido por Dangerous Films para la BBC (ver trailer). De manera inquietante me trajo a la memoria el shock emocional, intelectual y hasta semiológico que tuve aquel día, mientras observaba en tiempo real, el derrumbe de uno de los mayores íconos del poderío americano en el siglo XX.
Si las imágenes de archivo de un avión estrellándose contra una de las torres, con la otra ya en llamas, y el posterior derrumbe en 2 actos no fueran lo suficientemente impresionantes, en el documental consigue calar más hondo en el espectador al intercalar testimonios y trechos en docu-ficción con la historia de personas reales que participaron de la tragedia. Algunos que murieron y otros que se salvaron.
No voy a hacer apología ni comparaciones mezquinas sobre cual tragedia es mayor o si mueren más niños de hambre en Darfur por día de los que se murieron el 11 de septiembre. Si la matanza de Beslan fue peor o la invasión a Iraq más sangrienta. La verdad es aquel 11 de septiembre de 2001 me dio vergüenza ser persona, así como me dio vergüenza ser persona aquel aquel día que murieron tantos niños en Beslan, y me sigue dando vergüenza cada día que me levanto y leo el inventario de muertos de Iraq.
Para resumir, les transcribo un texto que escribí para una lista de discusión el 12 de septiembre de 2001, el día siguiente de los ataques. Aunque a todos nos gusta tener la razón y acertar pronósticos, sólo por ésta vez me hubiera gustado haber errado el tiro.
Mas allá del espanto y la compasión por la muerte de lo que se presume sean millares de civiles inocentes e independientemente de los karmas históricos que algunos pueblos llevan consigo, una realidad surgió ayer implacable en el preciso momento que vimos las dos torres gemelas derrumbarse.
Lo que la humanidad vio ayer al vivo no fue algo que le “aconteció” a los americanos. La globalización se encargara rapidito de que nos demos cuenta que nos aconteció a todos. El mundo como era hasta ayer acabo. La manera como los Estados Unidos van a reaccionar frente a este acto terrorista definirá el tipo de orden internacional en el que vamos a vivir en los próximos 25 anos, nos guste o no.
Por el tiempo que vivi en los EUA (precisamente en Washington) imagino que después de la tristeza y el anónimo heroísmo de miles de personas en estos primeros momentos, la paranoia y lo peor de la intolerancia conservadora probablemente tomara control de la situación. El racismo y el prejuicio crecerán rampantes (como después de Pearl Harbor) Pieles, barbas y cabellos oscuros serán mas que nunca vistos como sospechosos. Las cámaras, los satélites el FBI y los espías de la CIA, que de nada sirvieron para prever esta locura toda, infernizarán ahora la vida de millones de personas pacificas dentro y fuera de los EUA.
Que “saudade” de la guerra fría cuando era mas fácil saber quien era el enemigo de cada quien y a donde apuntaban los misiles….
















